Las organizaciones de la era caórdica

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Nuevos contextos requieren nuevas estructuras. En la ambigüedad no alcanza con modelos binarios. Quizás ni el lenguaje sea suficiente para decir que lo debe decirse. Y las formas de organización no respondan a modelos preestablecidos. Por eso necesitamos otras metáforas, otras palabras, pero mucho mejor otras formas de encarar la realidad, otras acciones que formen la nueva realidad.
Basado en su trayectoria en VISA, Dee Hock escribió sobre finales de los noventa «El nacimiento de la era caórdica». En el inquieto mundo de la primera revolución web y el surgimiento de otros patrones de gestión, recurrió a la confluencia del caos y el orden para reconfigurar resquicios y mixturas desde donde actuar y pensar el management. Todo basado en una experiencia anterior de 30 años.
Tomamos un extracto de su libro, donde incluso también lo vincula con la Coopetencia, a la hora de ver paradigmas que no son opuestos sino complementarios. No podemos dirigir desde arriba ni dejar todo libre, pero sí confiar en la auto-organización bajo propósitos comunes. En momentos de confusión estas miradas integradoras son de gran valor, por eso quisimos retomar el tema.
Los cambios en las organizaciones existentes y la evolución de las nuevas compartirán muchas características. El cuerpo humano no es una jerarquía con un orden literal ascendente de partes, de la misma manera que las organizaciones futuras tampoco estarán estructuradas. Las grandes pirámides de superiores y subordinados se rendirán ante afiliaciones de iguales semi-independientes, tanto individuos dentro de una organización como organizaciones dentro de una unidad superior. Esto no significa que estén conectadas todas las organizaciones industriales actuales. La evolución no es tan cruel como parece, pues tiene paciencia, pero es inexorable. La mayoría de las organizacines se desarrollarán, se convertirán en una forma con gran difusión de poder, de riqueza y de información, que será habitual compartir.
El concepto de organización compuesta por iguales semi-autónomos afiliados por una causa común, como la organización VISA, ha identificado el eterno debate sobre qué debería regir el día a día: la rivalidad o la cooperación. Las dos tienen grandes Mesías que predican sus virtudes por doquier.
La rivalidad y la cooperación no son contrarias. No tienen significados opuestos. Son complementarias. En todos los aspectos de la vida usamos las dos. Las escuelas procuran la cooperación entre la gran rivalidad de los escolares. Las Juegos Olímpicos combinan una gran cooperación de estructuras con una intensa rivalidad en las pruebas. Cuando los corredores parten de los tacos de salida, la rivalidad y la cooperación parece que avanzan juntas. Una simplemente no puede existir sin la otra.
Ninguna tentativa societaria, comercial o gubernamental se ha llevado a cabo sin combinar las dos. La historia de la humanidad siempre ha sido una carrera de obstáculos sin ganador entre combate y compromiso, entre conceptos de poder y conceptos de servicios. Los locos resultados de la cooperación en la persecución sin sentido de igualdad y, más tarde uniformidad, usan la fuerza centralizada para conseguirlo, la coacción cada vez más habitual y la esclavitud final. Los locos resultados de la rivalidad en la persecución sin sentido de intereses propios abusan de los demás, de las represalias, de la anarquía y del caos final. Sólo en una armoniosa danza oscilatoria de la rivalidad y la cooperación se pueden evitar los extremos controles y el caos, así como encontrar un permanente orden pacífico.
En la era caórdica, será mucho más importante tener un buen sentido de propósito y principios bien fundados con los cuales se pueda conseguir con rapidez cada uno de los objetivos específicos a carto plazo. Estos proyectos suelen conducir a intentos triviales de controlar los acontecimientos para hacerlos encajar en los proyectos, más que entender los acontecimientos para avanzar en todos los campos hacia la dirección deseada. En tiempos de rápidos cambios radicales, se suele decir que los proyectos a largo plazo requieren una eterna interpretación, en cuyo caso, dejan de ser proyectos, o se vuelven tan rígidos que reducen el pensamiento, oscurecen la visión de las cosas y amortiguan el apoyo de las opiniones contrarias.
En la era caórdica, se modificará el intento de muchos siglos de eliminar el juicio y la intuición -arte, si queréis- de la conducta de las instituciones. Las organizaciones ya han imitado durante demasiado tiempo el tradicional modelo mecanístico y miliatar, en el cual la obediencia a los demás es primordial y se desaprueba, si no se prohibe, el comportamiento individual o el pensamiento independiente.
En las organizaciones caórdicas del futuro, será necesario, a todos los niveles, tener gente capaz de discernir, de juzgar con imparcialidad y de actuar de manera razonable. La tendencia de la era industrial al trabajo memorizado, embrutecedor y degradante, que empequeñece y subordina a la gente hasta llegar a una conducta sumisa y obediente que uno espera de un caballo bien entrenado, no continuará avanzando.
Va mucho más allá de un trabajador de fábrica en una cadena de producción. Hay oficinistas burócratas en todas partes, con montañas de mentes depresivas debido al trabajo manual, con avalanchas de ejecutivos que entierran el juicio, con bosques de informes que oscurecen la percepción, con inundaciones de estudios que tapan la iniciativa, con océanos de comites que sumergen la responsabilidad y ahogan la decisión. Ya sabés a que me refiero. Ya has pasado por eso, y peor aún, seguramente estás inculcando este modelo a los demás.
Esto ha creado una sociedad de gente alienada de su trabajo y de las organizaciones en las que está involucrada. Se gasta mucho más ingenio, esfuerzo e inteligencia en burlar las redes sin sentido de reglas y regulaciones por las cuales estamos innecesariamente limitados.
En la era caórdica, el éxito dependera menos de la memorización y más de la razón, menos de la autoridad de pocos y más del juicio de muchos, menos de la obligación y más de la motivación, menos del control externo de la gente y más de la disciplina interna.
Autor: Fernado Cerruti y Mariano Morresi

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